Son estas tres historias de esperanza, no digo más,
porque no hay otra forma de denominar la manera en que estos tres jóvenes han
decidido perseguir un sueño hasta atraparlo, y cómo se han negado rotundamente
a dejarlo ir. Los sueños son así de escurridizos, pero ellos han sabido ser más
veloces.
Son estas tres historias de esperanza, de las que han de escribirse
con letras mayúsculas y en dorado para que causen más impresión, de las que
pueden enseñarse en las escuelas como ejemplo, de las que bien contadas o bien
vividas pueden hacernos llorar.